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viernes, 25 de enero de 2013

Restauración y limpieza de plancha a carbón

Siempre me ha parecido muy curiosa la manera en que se planchaba la ropa antiguamente con las planchas a carbón.  ¿Cuánto tiempo tardarían en plancharla? ¿Cómo quedaría después? Y lo más importante, ¿cuánto calor pasarían cuando se rellenasen las planchas con las brasas del carbón? No lo quiero ni imaginar...
A mí me parece genial que existan estos utensilios porque creo que son chulísimos para decoración y, sobre todo, para restaurarlos. Esta plancha a carbón la tenía mi madre en su casa, la recuerdo prácticamente desde siempre. Seguramente la utilizaría su madre cuando ella era una niña.
El proceso es prácticamente idéntico al de las planchas de hierro del post anterior. La única diferencia es que a ésta le tenemos que quitar la pintura dorada.
                                      
Primero quité la funda que tapizaba la plancha y saqué el mango para quitar la pintura y trabajar mejor.
Utilicé acetona para eliminar toda la pintura dorada. Empapé un trapo con acetona y también la extendí varias veces con un pincel sobre la parte a tratar para que quedase bien impregnada y la pintura saliese sin problemas.  
Y fui quitando poco a poco la pintura. La verdad es que con acetona salió muy bien aunque siempre hay que tener un poco de paciencia. 
Algunas partes resultaron un poco más complicadas para quitar la pintura. Me ayudé con el cepillo de aluminio bien empapado en acetona para quitarla de los sitios más complicados.
Cuando eliminé la pintura y vi solamente el metal, oxidado, seguí los mismos pasos que para limpiar las planchas de hierro.
Con el cepillo de aluminio cepillé hasta eliminar todo el óxido y empecé a ver el metal.
Después con la lana de acero, comencé a frotar fuertemente la plancha para retirar cualquier impureza o resto, terminar de limpiarla y pulirla.
Cuando la noté pulida y suave, con los dedos se nota perfectamente, decidí dar el paso final: protegerla del proceso de óxido y sacarle brillo.
Con la brocha apliqué una capa de cera y después de unos pocos minutos retiré los restos y froté la plancha con la lana de acero insistiendo con fuerza hasta empezar a sacarle brillo.
Le apliqué cera varias veces hasta que conseguí el brillo deseado.
¡Ahora está perfecta!

jueves, 24 de enero de 2013

Limpieza de planchas de hierro antiguas

Llevaba guardando las planchas de hierro de la casa del pueblo muchíiiiisimo tiempo. Es más, aun no sé si pertenecieron a mi abuela, a su madre o a la madre de su madre... No, esto último no creo, ¿o sí? 
Supongo que es, sobre todo, por tener recuerdos de mi gente; me emociona.

El caso es que siempre me han fascinado los objetos antiguos.  Entonces me dije: «¡¡Manos a la obra!! Vamos a arreglarlas para que vuelvan a lucir como antaño». Aunque ahora su utilidad sea, evidentemente, otra.
Cuando recogí las dos planchas del pueblo venían con tanto polvo y suciedad que casi no podía distinguir el óxido, el metal, los números y letras que tenían, nada de nada... «¡Mejor!», me dije, «¡Más bueno será el resultado!».

El proceso de limpieza de las planchas es realmente muy rápido y fácil, pero también requiere un poco de insistencia y paciencia.
Con el cepillo de aluminio comencé a frotar con fuerza para que fuese saliendo todo el polvo para así llegar hasta el óxido que rodeaba toda  la plancha.
Este proceso es un poco cansado porque, en mi caso, las planchas estaban muy sucias.
Pero también tengo que decir que el cepillo de aluminio es una herramienta maravillosaaaa!!
Poco a poco y sin dejar de cepillar, también fue desapareciendo casi por completo todo el óxido que rodeaba la plancha y comenzó a salir el metal. Cuando logré eliminarlo prácticamente todo, con un trozo de lana de acero, comencé a frotar las planchas para retirar cualquier resto, terminar de limpiarla y dejarlas lisas, suaves y bien pulidas.
Una vez pulidas, apliqué una buena capa de cera con una brocha (también puede hacerse con un trapo). Sin miedo. La dejé secar unos minutos (3 ó 4), después froté con la lana de acero o un trapo para quitar los restos de cera y al mismo tiempo intentar sacar todo el brillo posible.
Esta operación la repetí 4 ó 5 veces hasta que conseguí el brillo deseado (esto va en función de gustos). 
Se pueden dar todas las capas de cera que queráis.

La cera también es muy importante porque puede frenar o, por lo menos, ralentizar el proceso de oxidación que pueda producirse en el metal. Vamos, que lo protege.
En algunas zonas quedaron restos de óxido aunque no me importó en absoluto porque le sigue dando el toque «viejillo» y antiguo que tanto me gusta.
El resultado creo que es bastante interesante: